La edición genética ha pasado de ser una idea de ciencia ficción a una herramienta real con el potencial de transformar la medicina. Gracias a tecnologías como CRISPR, ahora es posible modificar el ADN con precisión y rapidez.
Uno de los primeros usos fue en el tratamiento de enfermedades hereditarias. Por ejemplo, se ha corregido con éxito el gen responsable de la anemia falciforme en pacientes reales, lo que abre la puerta a curas permanentes para muchas condiciones genéticas.
Además, se investiga su uso en la lucha contra el cáncer. Al editar células inmunológicas para que reconozcan y destruyan tumores, se ha mejorado la eficacia de ciertos tratamientos oncológicos.
En el campo de las infecciones, hay estudios que exploran cómo modificar el ADN para resistir a virus como el VIH. Esto podría representar un avance sin precedentes en la prevención y tratamiento de enfermedades infecciosas.
Sin embargo, la edición genética también plantea dilemas éticos importantes. ¿Deberíamos modificar embriones humanos? ¿Dónde está la línea entre curar enfermedades y diseñar “mejores” humanos? Estas preguntas deben abordarse con responsabilidad y transparencia.
En conclusión, la edición genética es una herramienta poderosa que ya está cambiando vidas. Pero su uso debe ir acompañado de un debate ético profundo, para garantizar que sus beneficios se apliquen de manera justa y segura para toda la humanidad.





